lunes, 15 de septiembre de 2014

Del libro, ¡Sáquennos de aquí! - Entrevista a María Simma, por Nicky Eltz

Capítulo 1


1. DOMINGO EN AUSTRIA
            
Al salir del túnel del Arlberg y descender hacia el oeste, pronto me encuentro en otra autovía; ésta se dirige hacia Feldkirch, en la provincia austríaca más occidental de Vorarlberg. Si mi punto de destino estuviera más allá, enseguida cruzaría la frontera de Suiza o del Principado de Liechtenstein, pero al encontrar un cartel con la indicación del Valle Grosseswalser, giro justo después de Bludenz y me dirijo hacia el norte por pequeñas carreteras rurales.
            
Pronto me encuentro serpenteando por un camino empinado y con curvas a lo largo del sector noroeste de un magnífico valle alpino. Siguiendo este sendero entre abetos a menudo pueden verse por encima barreras de contención de avalanchas. En cada curva o pendiente, pequeños almacenes que contienen "splitt", una mezcla de arena y sal, me recuerdan los duros inviernos que los lugareños deben soportar en estas altitudes. La primavera ha comenzado, la nieve se ha derretido, pero todavía se evidencia la reciente erosión causada por las masas de agua que han bajado por estas montañas durante las últimas semanas.
            
Cada pueblo que atravieso tiene una iglesia en el centro; ya sea con una cúspide muy alta y de lados rectos, o con forma de cebolla y de color rojizo y oxidado. A ambos lados del valle pastan al sol unas vacas (algunas llevan grandes campanas). A medida que voy subiendo, me adentro cada vez más en las montañas (la gente de la ciudad cuenta en broma que los habitantes de aquí arriba no pueden descender y caminar por el valle puesto que todos tienen una pierna mucho más larga que la otra). Al borde del camino los pocos y últimos azafranes blancos o púrpuras que quedan parecen estar cansados tras haberse hecho camino entre la maleza muerta. Arriba, en la distancia, se ven suaves praderas cubiertas de musgo verde coronadas por una cadena de picos de granito y piedra caliza. Todavía hay nieve en las grietas que quedan a la sombra. Subo cada vez más alto disfrutando de los caminos tan bien diseñados por los ingenieros austríacos.
            
Niños con mochilas de cuero de vaca, y que se parecen todos a causa de sus mejillas de color rojizo como las manzanas, vuelven del colegio en pequeños grupos. Más arriba hay otro pueblo. En el cartel se lee "Sonntag", que significa "domingo" en alemán.
            
Giro a la izquierda en dirección a la iglesia. Este último tramo del camino está tan empinado que he de ir en primera; y aunque no hay ninguna señal que indique quien tiene preferencia, encontrarse con otro automóvil en este lugar sería arriesgado. El camino dobla siguiendo las paredes del cementerio y allí adelante, arriba, encajada en la ladera, se encuentra una casa tipo chalet pequeña y confortable.
            
Ésta es la casa de María Simma.
            
Al tocar el timbre, escucho enseguida una voz arenosa, pero cálida y amistosa, que dice "Ja, kommen Sie nur 'rauf'" (Sí, sólo tiene que subir). Subo por una escalera empinada hasta un hall de entrada que se encuentra al mismo nivel que el campanario de la iglesia.
            
María es pequeña y robusta. Lleva un pañuelo de colores ajustado bien fuerte y, detrás de sus gafas, la claridad cristalina y la profundidad de sus ojos azules revelan inmediatamente que ha visto mucho en sus ochenta y tres años de vida. En la puerta de entrada cuelga un letrero tallado en madera con unos versos en alemán que dicen: "Wer bei mir Kritik und Korrektur betreiben will betrete meine Wohnung nicht, denn jeder hat in seinem Leben, auf sich selber acht zu geben" (Quien tenga la intención de criticar y corregir en este lugar, que no entre en mi casa ya que cada uno, mientras viva, debe preocuparse únicamente de su persona). Después de entrar por el balcón soleado, María me conduce a través de un pasillo estrecho y atestado hasta el cuarto del fondo. Allí me ofrece una silla desvencijada y se sienta con un leve suspiro.
            
Dondequiera que mire hay cuadros o estatuas de la Virgen María, de san Miguel y de san José; hay al menos un crucifijo en cada espacio. Mientras conversamos acerca del tiempo espléndido que hace y de la gran cantidad de tiestos que tiene en el porche donde cultiva flores y especias para venderlas luego, preparo mi grabadora. Llega un leve y gratificante aroma a cocina y a pollos de corral, los que se escuchaban al bajar del coche. Preparo la grabadora y le explico que pretendo grabar la conversación a medida que hablamos y le muestro el pequeño micrófono que sitúo en medio de los dos. Le pregunto si no le molesta.
            
—Por mí está bien. Y mientras hablemos, mantendré las manos ocupadas. ¿Le importa?
            
Se agacha y saca de debajo de la mesa dos cajas abiertas y las deja delante de ella. Parece que contienen plumas en su interior.
            
—Por supuesto que no, María, pero dígame, ¿qué está haciendo con esas plumas?
            
—En esta caja hay plumas de pato y en esta otra se encuentra el plumón que les saco. Cuando tengo suficiente, lo vendo a una fábrica de almohadas que queda en el valle. Los granjeros de aquí arriba me traen sus aves. Las troceo, las limpio y por este trabajo me permiten quedarme con las vísceras y las plumas. Luego las cocino, me las como y vendo el plumón. Es un buen trabajo que puedo realizar mientras hablo con las visitas sin importar el tiempo que vayamos a estar, y por lo que usted me ha dicho esta charla podría llevarnos un largo rato.
            
—Bueno, sí. Tengo muchas preguntas y simplemente podemos hablar hasta que alguno de los dos se canse. ¿Le parece bien?
            
—Perfecto.
            
—Antes que nada, quisiera darle las gracias por su tiempo. Estoy seguro de que mucha gente ha venido a hacerle preguntas a lo largo de estos años.
            
—Sí, es cierto, pero lo hago con gusto porque sé que muchas personas se han acercado a Dios gracias a lo que les he dicho. Así que adelante. Contestaré todo de la mejor manera posible[1].


______________________________________

[1] La siguiente conversación es el resultado de las diversas visitas y entrevistas que el autor hizo a María Simma, más de treinta veces en cinco años.



sábado, 13 de septiembre de 2014

Fiesta Litúrgica de la Exaltación de la Santa Cruz

"... Esta Oración será usada para dar la bienvenida al Banquete del Glorioso Reino, a la Medianoche del 13 al 14 de Septiembre (Fiesta Litúrgica de la Exaltación de la Santa Cruz); y para cerrar el día, hacia las 11:00 pm, del 14 de Septiembre, antes del beso de la Cruz, a la Medianoche. La oración será cantada y ofrecida en adoración, con la de luz de 12 velas, para dar la bienvenida al Espíritu del Nuevo Pentecostés.” (Mensaje de la Virgen María a Bernabé Nwoye, el 7 de junio de 2003)



Las Rosas Gloriosas del Reino 
Con aprobación Eclesiástica


(Para descargar hacer 'clic' en la imagen)





651º Aniversario de la Aparición de Nuestra Señora de Mariazell

Mariazell es el principal Santuario Mariano de Austria, Hungría y Bohemia. Al interior de la Basílica se encuentra una Imagen milagrosa de la Virgen María tallada en madera.

Cuenta la historia que en la noche del 21 de diciembre de 1157, un monje benedictino llamado Magnus caminaba por el bosque buscando un lugar para construir un monasterio.  En su camino encontró una inmensa roca que le impedía el paso. Magnus se arrodilló a rezarle a la Virgen que lo guiara. El monje oyó un gran ruido y la roca se partió en dos, permitiéndole seguir su camino. Magnus dejó en ese lugar una pequeña estatua de madera de la Virgen. Poco después, junto con personas del área, construyó una pequeña Capilla para la Imagen y una celda monástica. La fama de la estatua milagrosa de la Virgen pronto se propagó.

En el año 1363, la Virgen María se Aparece a Luis I el Grande, Rey de Hungría, cuando estaba amenazado por un gran ejército de invasores turcos. El rey oró fervorosamente a la Virgen y, en sueños, vio que María colocaba Su Imagen sobre su pecho y le pedía que construyera una Capilla en Zell. Al despertarse, constató que el sueño había sido real, porque tenía sobre su pecho la Imagen de la Virgen. Lleno de confianza y valentía, atacó por sorpresa a los turcos y los venció. Pronto hizo construir una gran Iglesia gótica en Zell, donde pasó a guardarse la Imagen Milagrosa.[1]




[1] Fuente: “Apariciones y Mensajes de la Virgen María, Primera Parte: Apariciones aprobadas por la Iglesia, Otras Apariciones”, de Ángel Peña O.A.R. – Lima, Perú, 2001.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Sorprendentes descubrimientos en la Imagen de Coromoto

362º Aniversario de las Apariciones de la Virgen de Coromoto, ocurridas en el año 1652, en el Estado Portuguesa, Venezuela.

Video sobre los sorprendentes descubrimientos durante la restauración de la Reliquia de la Virgen de Coromoto, Guanare 2009.


 Sorprendentes descubrimientos en la Imagen de Coromoto
Sorprendentes descubrimientos en la Imagen de Coromoto

(Para ver el video hacer 'clic' en la imagen)


martes, 9 de septiembre de 2014

Preparación de 33 días para la Consagración a María según San Luis Mª Grignion de Montfort

El Movimiento Sacerdotal Mariano presenta la PREPARACIÓN DE 33 DÍAS PARA LA CONSAGRACIÓN TOTAL A MARÍA, SEGÚN SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT.

Con seis propuestas de Consagración al año:

1º)  2 de febrero, Fiesta de la Presentación del Señor, para comenzar el 31 de diciembre.
2º)  25 de marzo, Solemnidad de la Anunciación del Señor, para comenzar el 20 de febrero.
3º)  28 de abril, Memoria de San Luis María Grinion de Montfort, para comenzar el 26 de marzo.
4º)  31 de mayo, Fiesta de la Visitación de la Virgen María, para comenzar el 28 de abril.
5º)  15 de agosto, Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, para comenzar el 13 de julio.
6º)  8 de Diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, para comenzar el 5 de noviembre.


Preparación de 33 días para la
Consagración a María según
San Luis Mª Grinion de Montfort
Fórmula para la Consagración







lunes, 8 de septiembre de 2014

159º Aniversario de la Aparición de la Virgen María en Porzus, Italia



En Porzus, Udine, Italia, el 8 de setiembre de 1855, se aparece la Virgen María a Teresita Dush, de diez años. Era domingo y estaba cogiendo hierba para los animales. La Virgen le dice que no se debe trabajar en domingo y que diga a todos que no blasfemen y que hagan ayunos y cambien de vida. La vidente entró al convento de las Hermanas de la Providencia en Udine. Ella era analfabeta, pero la Virgen hizo el milagro de que pudiera leer y entender el oficio divino en latín, cuando lo rezaba con las hermanas en el coro. Al salir de la capilla, era tan analfabeta como siempre. En 1992 el obispo de Udine se pronunció favorablemente sobre estas apariciones.[1]




[1] Fuente: “Apariciones y Mensajes de la Virgen María, Segunda Parte: Apariciones aprobadas por el Obispo, Otras Apariciones”, de Ángel Peña O.A.R. – Lima, Perú, 2001.




domingo, 7 de septiembre de 2014

714º Aniversario de la Aparición de la 'Madona di Roverano' en Italia



María se aparece en Carrodano, (La Spezia, Italia) a dos pastorcitas, el 7 de setiembre de 1300. Cura a una de ellas, que era muda, y deja en un olivo del lugar un cuadro de la Virgen con el Niño, de tipo bizantino. El Icono fue llevado solemnemente a la Iglesia parroquial hasta que se construyó una Capilla en el lugar de la Aparición (Santuario de Roverano). Ha habido muchas curaciones y prodigios. Uno de ellos, que todavía sucede hasta el día de hoy, es que los olivos que rodean al Santuario, florecen cada año fuera de estación. Otro prodigio, que aumentó la fama del Santuario, ocurrió el 30 de agosto de 1823. Algunos trabajadores del lugar no tenían más que un poquito de bebida para apagar la sed del ardiente sol, pero el líquido no disminuía a pesar de seguir bebiendo. El 7 de setiembre de 1901 el Obispo del lugar coronó solemnemente el Icono Milagroso de la ‘Madonna di Roverano’.[1]





[1] Fuente: “Apariciones y Mensajes de la Virgen María, Segunda Parte: Apariciones aprobadas por el Obispo, Otras Apariciones”, de Ángel Peña O.A.R. – Lima, Perú, 2001.




sábado, 6 de septiembre de 2014

Más de mil años de las Apariciones de la Virgen en Valenciennes, Francia: "Es Mi deseo salga toda la gente la noche de la víspera de Mi Natividad..."

En el año 1008 se aparece la Virgen a un eremita en Valenciennes, Francia, mientras arreciaba la peste. La Virgen pide ayuno, oración y una procesión alrededor de la ciudad. La Virgen se aparece de nuevo con muchos Ángeles, que colocan un cordón en torno a la ciudad para bloquear la peste, la cual cesó inmediatamente. Muchos habitantes fueron testigos de esta segunda Aparición y se fundó en la ciudad una Fraternidad de ‘Notre Dame du Cordon’, que recuerda el hecho de la protección milagrosa de la peste por parte de la Santísima Virgen María.[1]

Según la tradición, a comienzos del siglo XI, la peste causó estragos horrorosos en la ciudad de Valenciennes. En pocos días, el azote segó la vida de ocho mil personas. La ciudad, consternada, ofrecía por doquiera el triste espectáculo de la muerte. Los habitantes, hechos un mar de lágrimas, al no esperar ya nada de la tierra ni de los hombres, acudieron a Dios y corrieron en tropel a refugiarse junto al altar de la Madre de la Misericordia. 

     Vivía entonces, en aquella comarca, un ermitaño piadoso que, compadecido de la aflicción de sus paisanos, redobló las penitencias y plegarias. «¡Oh, María, Consuelo de los afligidos! exclamó, ¿dejarás que perezca el pueblo que a Ti acude y que confía en Ti? ¿Se llegará a decir que en vano ha invocado Tu auxilio?»

El 5 de septiembre de 1008, mientras el fervoroso ermitaño rezaba esa ardiente oración, quedó de súbito deslumbrado por el brillo de una luz más pura que la del sol. Al mismo tiempo se le Apareció la Madre de la Misericordia con rostro bondadosísimo y le dio esta orden:

«Ve al encuentro de Mis hijos de Valenciennes y asegúrales que he aplacado a Mi Hijo con Mis súplicas; diles también que es Mi deseo salga toda la gente, la noche de la víspera de Mi Natividad, y suba a las murallas, a contemplar desde ellas la prenda de protección que quiero darles».

El piadoso ermitaño dio a conocer la Aparición al pueblo y el 7 de septiembre, no bien se puso el sol, los baluartes, los torreones de la ciudad y todos los promontorios se cubrieron de gente conmovida y anhelante de contemplar la realización de las Promesas Celestiales.

No se frustró su confianza. Muy pronto abriose el cielo como con luz del alba, se disipó la oscuridad, la noche se volvió día esplendoroso, y Apareció una Reina, llena de majestad, con destellos de Luz paradisíaca, como la de los cuerpos bienaventurados y más brillante que el sol. La Reina, acompañada de una Corte de Ángeles, tenía en las Manos un cordón o cinta con la que, en un instante, ciñó a la ciudad. No hay palabras para expresar los sentimientos de alegría y fervor que, ante semejante espectáculo, conmovieron a los habitantes de Valenciennes: postrados todos en tierra, clamaron a la Virgen que les diera la bendición. La Madre Divina los bendijo, en efecto, y los libró de aquel azote para siempre.

Se Apareció también al ermitaño y le encargó dijera al pueblo que, en adelante, el ocho de septiembre había de ser siempre festivo para ellos y que era Voluntad Suya se hiciera en ese día una procesión solemne, siguiendo el itinerario marcado por el Santo Cordón. La ciudad, representada por sus magistrados, hizo voto de celebrar anualmente una procesión conmemorativa, que se mantuvo hasta la revolución de 1793. El Cordón Celestial fue recogido con respeto y guardado en relicario precioso.

En la actualidad la tradición religiosa cristiana se mantiene y se llama ‘Le tour du Saint-Cordon’, en la que una procesión de fieles rodea el perímetro de la ciudad histórica, de 14 km de longitud, en conmemoración al Milagro de Nuestra Señora del Santo Cordón.



[1] Fuente: “Apariciones y Mensajes de la Virgen María, Segunda Parte, Apariciones aprobadas por el Obispo, Apariciones masivas”, de Ángel Peña O.A.R. – Lima, Perú, 2001.