miércoles, 14 de enero de 2015

Historia sobre el origen del Niño Jesús de Praga

En la Iglesia Santa María de La Victoria, en Praga, capital de la actual República Checa, se venera la Imagen del Niño Jesús de Praga, cuya historia es tan prodigiosa, así como milagrosa.

El origen de la Imagen del Niño Jesús de Praga se remonta hacia finales de la Edad Media. Entre las poblaciones de Córdoba y Sevilla, en España, al sur de las márgenes del Guadalquivir, había un famoso Monasterio Carmelita, lleno de monjes. Pero después de una incursión de los moros que poblaban la zona, quedó reducido a ruinas, y sólo cuatro monjes se salvaron de la catástrofe. Entre ellos estaba Fray José de la Santa Casa, un lego con corazón de santo y cabeza y manos de artista, y con un amor desbordante a la Santa Infancia de Jesús. En cualquier oficio que la obediencia le mandase, se le encontraba infaliblemente, pensando y hablando con el Niño Jesús.

Un buen día Fray José estaba barriendo el suelo del monasterio, y de repente se le presentó un hermoso Niño que le dijo:

“¡Qué bien barres, fray José, y qué brillante dejas el suelo! ¿Serías capaz de recitar el Ave María? -Pues entonces, dila.”

Fray José dejó a un lado la escoba, se recogió, juntó las manos, y con los ojos bajos comenzó la Salutación Angélica. Al llegar a las palabras: "et benedictus fructus ventris tui" (y bendito el Fruto de Tu Vientre), el Niño le interrumpió, diciéndole:

“¡ÉSE SOY YO!” Y enseguida desapareció.

Fray José gritó extasiado: -¡Vuelve Pequeño Jesús, porque de otro modo moriré del deseo de verte! Pero Jesús no vino. Y Fray José, seguía llamándolo día tras día, en la celda, en el huerto, en la cocina... en todas partes. Al fin, un día sintió que la voz de Jesús le respondía:

“Volveré, pero cuida de tener todo preparado, para que a Mi llegada hagas de Mí una Estatua de cera, en todo igual a como Soy.”

Fray José corrió a contárselo al padre Prior, pidiéndole cera, un cuchillo y un pincel. El Superior se lo concedió y Fray José se entregó con ilusión a modelar una estatua de cera del Niño que había visto. Hacía una y la deshacía, para hacer otra, pues nunca quedaba conforme, y cada una que hacía le salía más bella que la anterior, y así pasaba el tiempo, esperando que regresase su Amado Jesusito.

Por fin llegó el día en el que, rodeado de Ángeles, se le presentó el Niño Jesús y Fray José, en éxtasis, puso los ojos en el Divino Modelo y copió al Niño que tenía delante. Cuando terminó y observó que su Imagen era igual al Sagrado Modelo, estalló en risas y llantos de alegría, cayó de rodillas delante de Ella y, posando la cabeza sobre las manos juntas, murió. Los mismos Ángeles que acompañaron a su Niño Jesús, recogieron su espíritu y lo llevaron al Paraíso. Los religiosos enterraron piadosamente el cuerpo del santo lego y con particular devoción colocaron la Imagen de cera del Niño Jesús en el oratorio del Monasterio.

Aquella misma noche, Fray José se apareció en sueños al Padre Prior, comunicándole lo siguiente: “Esta estatua, hecha indignamente por mí, no es para el monasterio. Dentro de un año vendrá Doña Isabel Manríquez de Lara, a quien se la daréis, quien a su vez se la entregará a su hija como regalo de bodas, quien la llevará a Bohemia y de la capital de aquel reino será llamado Niño Jesús de Praga entre los pueblos y naciones. La Gracia, la Paz y la Misericordia descenderán a la Tierra por Él escogida para habitar en ella; el pueblo de aquel reino será su pueblo, y Él será su PEQUEÑO REY.”

Y efectivamente al año en punto, Doña Isabel Manríquez de Lara, en un viaje de recreo por la zona, topó con las ruinas del monasterio, y el Prior, ya único superviviente le entregó la Imagen del Niño Jesús, contándole su fascinante historia. La dama llena de alegría, retornó a su castillo de Sierra Morena, muy cerca de Córdoba. Y aquí la leyenda deja paso a la Historia... Lo que sí se sabe es que en 1526, cuando Fernando I de Habsburgo, se ciñó la corona de Bohemia y Hungría, los enlaces entre las familias nobles españolas y eslovacas se fomentaron.

Por otra parte, los Padres Carmelitas Descalzos se habían establecido en Praga en el año 1624, cuando el emperador Fernando II de Habsburgo, nieto de Fernando I, les donó la antigua Iglesia Luterana de la Santísima Trinidad, la cual permanecía cerrada desde 1622, cuando los luteranos se fueron después que perdieron la batalla de la Montaña Blanca. Los Carmelitas recibieron también una casa para hacer el convento y un cementerio anexo, y consagraron la Iglesia a Santa María de la Victoria. Difíciles en extremo eran los tiempos que atravesaba Bohemia cuando llegaron estos religiosos, pues se hallaba asolada por guerras sangrientas que tenían a Praga presa de todo tipo de calamidades, a tal punto que el monasterio mismo de los Carmelitas carecía de lo indispensable para sobrevivir.

 En esa época vivía en Praga la piadosa princesa Polixena Lobkowitz, quien luego de su segunda viudez, en 1628, sintiendo en el alma las apremiantes necesidades de los Carmelitas, resolvió donarles una pequeña estatua de cera, de 48 cm, que poseía. Era una Imagen del Niño Jesús, de pie, con Su Mano derecha levantada, en actitud de bendecir; mientras con la izquierda sostenía un globo dorado, representando la Tierra; Su Rostro era tierno y lleno de gracia. Al entregarle la Imagen al Prior, le dijo:

“Yo os ofrezco, querido padre, lo que más quiero en el mundo. Honrad a este Niño Jesús y estad seguros de que, mientras Lo veneréis, nada os faltará.”

Tal Imagen era un querido recuerdo de familia, pues su madre, Doña María Manrique de Lara, la había recibido como regalo de nupcias cuando se casó con Vratislav de Pernstein, y la había dado a su hija Polixena, también como regalo de bodas.

La estatua fue recibida con gratitud y colocada en el oratorio interior del convento, donde fue objeto de la veneración de todos aquellos buenos Padres, distinguiéndose entre todos el Padre Cirilo. La promesa de la donante se cumplió a la letra, y los maravillosos efectos de la protección del Divino Niño no tardaron en manifestarse, pues muy pronto fueron milagrosamente socorridas las necesidades del monasterio.

Entre tanto, estalló de nuevo la guerra en Bohemia, los protestantes se reagruparon en noviembre de 1631, bajo el mando del príncipe de Sajonia, y asediaron nuevamente Praga. Hubo pánico y la angustia dominó a los habitantes de la ciudad. Muchos huyeron. Los soldados protestantes invadieron las iglesias, profanando y destruyendo los objetos del culto católico. Pusieron en prisión a los frailes Carmelitas y saquearon el convento. Al ver la Imagen del Niño Jesús, uno de los soldados seccionó con la espada las manitas de la Imagen y la arrojó entre los escombros a que había quedado reducido el altar.

Al año siguiente, se retiró el enemigo de Praga y pudieron los religiosos volver a su convento, pero nadie se acordó de la preciosa Estatua. Por esto, sin duda, se vio reducido el monasterio a la miseria como el resto de la población, pues los religiosos carecían de alimentos para ellos, y de los recursos indispensables para restaurar su casa. Mas, después de 7 años de tanta desolación, volvió a Praga el Padre Cirilo, en el año 1637, cuando Bohemia se hallaba en peligro inminente de sucumbir y hasta de perder el don inestimable de la fe, y cuando la ciudad estaba por todas partes rodeada de enemigos. El Prior recomendó a sus frailes que rezasen, pues esta vez sólo la oración podía salvarlos. Entonces fray Cirilo sugirió que se encomendasen al Pequeño Rey y se puso a buscar nuevamente la Imagen. Después de mucho trabajo, la encontró al fin entre los escombros, detrás del altar. La limpió, la cubrió de besos y de lágrimas, y como aún conservaba intacto el Rostro la expuso en el coro a la veneración de los religiosos, quienes llenos de confianza en Su Protección, cayeron de rodillas ante el Divino Infante y le suplicaron fuese su Refugio, su Fortaleza y Amparo en todo sentido. Desde el momento en que fue colocada en su puesto de honor, el enemigo levantó el sitio y el convento se vio provisto en el acto de cuanto necesitaban los religiosos.

Un día se encontraba el Padre Cirilo en oración, delante del Niño Dios, cuando Éste le dijo:

“Tened piedad de Mí y Yo Me apiadaré de vosotros. Restituidme las Manos y Yo os devolveré la paz. Cuanto más Me honrareis, tanto más os bendeciré.”

Sorprendido el buen Padre, corrió inmediatamente a la celda del Padre Superior y le contó lo ocurrido, pidiéndole que hiciese reparar la Estatua. El Superior se negó a ello, alegando la extremada pobreza del Convento. Profundamente afligido, el fraile pidió a Dios le diese los medios para cumplir Su misión. Entonces, el humilde devoto de Jesús fue llamado a auxiliar a un moribundo, Benito Maskoning, quien le dio 100 florines de limosna. Se los llevó al Superior con la convicción de que con ellos haría reparar la estatua, pero este juzgó que era mejor comprar otra más hermosa y así lo hizo. El Señor no tardó en manifestar Su desagrado, pues el mismo día de la inauguración de la nueva efigie, un candelabro que estaba fijo y muy asegurado en la pared, se desprendió y cayendo sobre la estatua, la redujo a pedazos. Al mismo tiempo, el Padre Superior cayó enfermo y no pudo terminar su período de mando.

Elegido un nuevo Superior, el Padre Cirilo volvió a suplicarle que hiciera reparar la Estatua, recibiendo otra negativa. Entonces sin desmayar, se dirigió a la Santísima Virgen. Apenas acabada su oración, lo llamaron a la Iglesia; se le acercó una señora de venerable aspecto, que dejó en sus manos una cuantiosa limosna, y desapareció sin que nadie la hubiese visto entrar ni salir de la Iglesia. Lleno de gozo, el Padre Cirilo fue a dar cuenta al Superior de lo que pasaba; pero éste no le dio más que medio florín (25 centavos); siendo insuficiente esta suma, todo quedó en el mismo estado. El convento se vio sujeto a nuevas calamidades; los religiosos no tenían posibilidad de pagar la renta de una finca que habían arrendado y que no les producía nada. Los rebaños murieron, la peste desoló la ciudad, muchos carmelitas, inclusive el Superior, sufrieron este azote.

Se le Apareció entonces la Santísima Virgen al Padre Cirilo y le hizo comprender que el Niño Jesús debería ser restaurado cuanto antes y expuesto a la veneración de los fieles en una Capilla a Él dedicada. Todos acudieron al Niño Jesús. El Superior se humilló y prometió celebrar diez Misas ante la Estatua y propagar Su Culto. La situación mejoró notablemente, pero como la Estatua continuaba en el mismo estado, el Padre Cirilo no cesaba de clamar sus quejas ante su generoso Protector, cuando oyó de Sus Divinos Labios estas Palabras:

"Colócame a la entrada de la Sacristía, y encontrarás quien se compadezca de Mí."

En efecto, se presentó un desconocido, el cual, notando que el hermoso Niño no tenía Manos, se ofreció espontáneamente a hacérselas poner, no tardando en recibir su recompensa, pues ganó a los pocos días un pleito casi perdido, con lo que salvó su honor y su fortuna.


Los beneficios innumerables que todos alcanzaban del milagroso Niño, multiplicaban día a día el número de Sus devotos. Por esto deseaban los Carmelitas edificarle la Capilla pública, teniendo en cuenta que el sitio donde debían levantarla, había sido ya indicado por la Santísima Virgen al Padre Cirilo, pero faltaban los recursos y además, temían emprender esta nueva construcción en un tiempo en el que los calvinistas arrasaban con todas las iglesias católicas. Hasta que el año 1642, la princesa Lobkowitz mandó edificar un nuevo Santuario que se inauguró en 1644, el día de la Fiesta del Santo Nombre de Jesús… Cuando Fray Cirilo murió en 1675, a la edad de 85 años, la Imagen había sido entronizada en un magnífico altar de la iglesia de Santa María de La Victoria y la Devoción al Niño Jesús de Praga se había difundido en todas las clases sociales.


viernes, 2 de enero de 2015

Enero 2, año 40. Primera Aparición de la Virgen María (aun en vida) al Apóstol Santiago.





HISTORIA DE LA VIRGEN DEL PILAR

La Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, en España, es considerada el primer Santuario Mariano de la cristiandad. De acuerdo a la tradición católica después de Pentecostés (hacia 30 dC), cuando los apóstoles son enviados a la predicación, Santiago el Mayor habría cruzado el Mar Mediterráneo y desembarcado en la Hispania (actuales España y Portugal) para predicar el Evangelio. Cuenta la historia que en la noche del 2 de enero del año 40, la Virgen María se le Apareció en la región de Caesaraugusta, a orillas del río Ebro.

El apóstol Santiago, primer apóstol mártir, había viajado desde Jerusalén hasta Cádiz (España). Sus predicaciones no fueron bien recibidas, por lo que se trasladó posteriormente a Zaragoza. Aquí se convirtieron muchos habitantes de la zona. Estuvo predicando también en Granada, ciudad en la que fue hecho prisionero junto con todos sus discípulos y convertidos. Santiago llamó en su ayuda a la Virgen María, que entonces vivía aún en Jerusalén, rogándole lo ayudase. La Virgen le concedió el favor de liberarlo y le pidió que se trasladara a Galicia a predicar la fe, y que luego volviese a Zaragoza.

Santiago cumplió su misión en Galicia y regresó a Zaragoza, donde corrió muchos peligros. Una noche, el apóstol estuvo rezando intensamente con algunos discípulos junto al río Ebro, cerca de los muros de la ciudad, pidiendo luz para saber si debía quedarse o huir. Él pensaba en María Santísima y Le pedía que rogara con él para pedir consejo y ayuda a Su Divino Hijo Jesús, que nada podía entonces negarle. De pronto, se vio venir un resplandor del cielo sobre el apóstol y aparecieron sobre él los Ángeles que entonaban un canto muy armonioso mientras traían una columna de Luz, cuyo pie, en medio de un rayo luminoso, señalaba un lugar, a pocos pasos del apóstol, como indicando un sitio determinado.

Sobre la columna, se le Apareció la Virgen María. Santiago se levantó del lugar donde estaba rezando de rodillas, y recibió internamente el aviso de María de que debía erigir de inmediato una iglesia allí; que la intercesión de María debía crecer como una raíz y expandirse. María le indicó que, una vez terminada la iglesia, debía volver a Jerusalén. Santiago se levantó, llamó a los discípulos que lo acompañaban, que habían oído la música y visto el resplandor; les narró lo demás, y presenciaron luego todos cómo se iba desvaneciendo el resplandor de la Aparición. En el Lugar de la Aparición, se levantó lo que hoy es la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, un lugar de peregrinación famoso en el mundo entero que no fue destruido en la guerra civil española (1936-1939), puesto que las bombas que se lanzaron no explotaron, pudiéndose hoy en día verse expuestas en el interior de la Basílica.

Santiago partió de España, para trasladarse a Jerusalén, como María le había ordenado. En este viaje visitó a María en Éfeso. María le predijo la proximidad de su muerte en Jerusalén, y lo consoló y lo confortó en gran manera. Santiago se despidió de María y de su hermano Juan, y se dirigió a Jerusalén, donde al poco tiempo fue hecho prisionero.

Fue llevado al monte Calvario, fuera de la ciudad. Durante el recorrido, estuvo predicando y aún fue capaz de convertir a algunas personas. Cuando le ataron las manos, dijo: “Vosotros podéis atar mis manos, pero no mi bendición y mi lengua”. Un tullido que se encontraba a la vera del camino, clamó al apóstol que le diera la mano y lo sanase. El apóstol le contestó: “Ven tú hacia mí y dame tu mano”. El tullido fue hacia Santiago, tocó las manos atadas del apóstol e inmediatamente sanó.

Josías, la persona que había entregado a Santiago, fue corriendo hacia él para implorar su perdón. Este hombre se convirtió a Cristo. Santiago le preguntó si deseaba ser bautizado. Él dijo que sí, por lo que el apóstol lo abrazó y le dijo: “Tú serás bautizado en tu propia sangre”. Y así se cumplió más adelante, siendo Josías asesinado posteriormente por su fe. En otro tramo del recorrido, una mujer se acercó a Santiago con su hijo ciego para alcanzar de él la curación para su hijo, obteniéndola de inmediato.

Una vez llegado al Monte Calvario, el mismo lugar donde años antes fue crucificado Nuestro Señor, Santiago fue atado a unas piedras. Le vendaron los ojos y le decapitaron. El cuerpo de Santiago estuvo un tiempo en las cercanías de Jerusalén. Cuando se desencadenó una nueva persecución, lo llevaron a Galicia (España) algunos discípulos.


En siglos posteriores y hasta el momento actual, numerosos fieles, principalmente de Europa, recorren parcialmente el ‘Camino de Santiago’ que les conduce a la tumba del Santo, con el fin de pedir perdón por sus pecados.


Aparición de la Virgen María al Apóstol Santiago según revelación a la Beata María de Jesús de Ágreda:

“Manifestósele a Santiago la Reina del Cielo desde la nube y trono donde estaba rodeada de los Coros de los Ángeles... El dichoso Apóstol se postró en tierra y con profunda reverencia adoró a la Madre de su Creador y Redentor y vio juntamente la Imagen y Columna o Pilar en mano de algunos Án­geles. La piadosa Reina le dio la bendición en Nombre de Su Hijo San­tísimo y le dijo:

“Este lugar ha señalado y destinado el Altísimo y Todopoderoso Dios del Cielo, para que en la Tierra Le consagréis y dediquéis un Templo y Casa de Oración, de donde debajo del Tí­tulo de Mi Nombre quiere que el Suyo sea ensalzado y engrandecido, y que los Tesoros de Su Divina Diestra se comuniquen, franqueando liberalmente Sus antiguas Misericordias con todos los fieles; y que por Mi Intercesión las alcancen, si las pidieren con verdadera fe y piadosa devoción. Yo, en Nombre del Todopoderoso, les prometo gran­des favores y Bendiciones de dulzura y Mi verdadera protección y amparo, porque éste ha de ser Templo y Casa Mía y Mi propia he­rencia y posesión. Y en testimonio de esta Verdad y Promesa quedará aquí esta Columna y colocada Mi propia Imagen, que en este lugar donde edificaréis Mi Templo perseverará y durará con la Santa Fe has­ta el fin del mundo.” [1]





[1] Ágreda, Madre Sor María de Jesús, “Mística Ciudad de Dios.” Tercera Parte, Libro 7, Capítulo 17, Nº 352.


miércoles, 31 de diciembre de 2014

Consagración para la Triunfante Victoria del Inmaculado Corazón de María

El 31 de Diciembre comienza una Preparación de 33 días para realizar la Consagración al Triunfo del Inmaculado Corazón de María, el 2 de Febrero, Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo y Purificación de Su Santísima Madre y Día de la Virgen de La Candelaria.

Preparación para la Consagración
al Triunfo del Inmaculado
Corazón de María


sábado, 20 de diciembre de 2014

Setena de la Expectación del Salvador. Antífonas de la «O»




Las antífonas de la «O» reciben este nombre porque cada una de ellas empieza en latín con la exclamación «O» —en castellano «¡Oh!»—. También se llaman «antífonas mayores».

Fueron compuestas entre los siglos VII y VIII, y se puede decir que son un compendio de la cristología más antigua de la Iglesia y, al mismo tiempo, un resumen expresivo de los deseos de salvación de toda la humanidad. Estas antífonas se cantan al inicio y al final del cántico evangélico Magníficat, en las vísperas de la última semana de Adviento.

Cada antífona empieza con la exclamación «¡Oh!» a la que sigue un título mesiánico tomado de los oráculos de las profecías Isaías; con ello tenemos una aclamación a Jesús, el Mesías, en la que se reconoce todo lo que Él representa para el cristiano. Estas antífonas concluyen con la súplica «¡Ven a salvarnos...!»

O Emmanuel = Dios con nosotros (23 de diciembre)
O Rex = Rey de paz (22 de diciembre)
O Oriens =Oriente, Luz solar (21 de diciembre)
O Clavis = Llave de David (20 de diciembre)
O Radix = Raíz, renuevo de Jesé (19 de diciembre)
O Adonai = Mi Señor (18 de diciembre)
O Sapientia = Sabiduría, Palabra (17 de diciembre)

Al proponer estas antífonas en orden inverso (del 23 al 17 de diciembre) con las iniciales latinas de la primera palabra después de la exclamación «O», tenemos el acróstico ero cras, = ‘seré mañana’ o ‘vendré mañana’; lo que vendría a ser como la respuesta del Mesías a la súplica de sus fieles.


7º Dic 23. Antífona para el cántico de Vísperas:
¡Oh, Emmanuel, Rey y Legislador nuestro, Esperanza de las naciones y Salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor, Dios nuestro!

Dulce Jesús mío,
mi Niño adorado.
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!




6º Dic 22. Antífona para el cántico de Vísperas:
¡Oh, Rey de las Naciones y Deseado de los pueblos, piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra!

Dulce Jesús mío,
mi Niño adorado.
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!




5º Dic 21. Antífona para el cántico de Vísperas:
¡Oh, Sol que naces de lo Alto, resplandor de la Luz eterna, Sol de Justicia, ven a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte!

Dulce Jesús mío,
mi Niño adorado.
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!




4º Dic 20. Antífona para el cántico de Vísperas:
¡Oh, Llave de David y Cetro de la Casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombras de muerte!

Dulce Jesús mío,
mi Niño adorado.
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!




3º Dic 19. Antífona para el cántico de Vísperas:
¡Oh, Renuevo del Tronco de Jesé, que Te alzas como un Signo para los pueblos, ante Quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ven a librarnos, no tardes más!

Dulce Jesús mío,
mi Niño adorado.
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!




2º Dic 18. Antífona para el cántico de Vísperas:
¡Oh, Adonay, Pastor de la Casa de Israel, que Te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste Tu Ley, ven a librarnos con el poder de tu brazo!

Dulce Jesús mío,
mi Niño adorado.
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!




1º Dic 17. Antífona para el cántico de Vísperas:
¡Oh, Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la salvación!

Dulce Jesús mío,
mi Niño adorado.
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven, no tardes tanto!


viernes, 12 de diciembre de 2014

Historia sobre las Apariciones de la Virgen de Guadalupe


 Al pie del Cerro Tepeyac, en la Ciudad de México, se encuentra el Santuario Mariano conocido oficialmente como, Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe, donde se guarda y venera la Reliquia de la Aparición de la Virgen, conocida como el Ayate o Tilma de Juan Diego.

El escritor indígena Antonio Valeriano en su obra ‘Nicán Nopohua’, escrita en la lengua de los aztecas a los doce años de las Apariciones, narra los hechos así: “Un sábado de 1531 a pocos días del mes de diciembre, un indio de nombre Juan Diego iba muy de madrugada del pueblo en que residía a Tlatelolco, a tomar parte en el culto divino. Al llegar junto al cerrillo llamado Tepeyac, amanecía y escuchó que le llamaban de arriba del cerrillo: “Juanito, Juan Dieguito.” Él subió a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana grandeza, cuyo vestido era radiante como el sol, la cual con palabra muy cortés le dijo:

"Juanito, el más pequeño de Mis hijos, sabe y ten entendido que Yo soy la SIEMPRE VIRGEN MARÍA, MADRE DEL VERDADERO DIOS POR QUIEN SE VIVE, y Mi deseo es que se Me levante un Templo en este sitio, donde como Madre piadosa tuya y de tus semejantes, mostraré Mi clemencia amorosa y la compasión que tengo de los naturales y de aquellos que Me aman y Me buscan, y de todos los que solicitaren Mi amparo y Me llamaren en sus trabajos y aflicciones, y donde oiré sus lágrimas y ruegos para darles consuelo y alivio. Ve al Obispo de México a manifestarle lo que mucho deseo. Anda y pon en ello todo tu esfuerzo.” 

Cuando llegó Juan Diego a la presencia del obispo, Don Fray Juan de Zumárraga, religioso de San Francisco, éste pareció no darle crédito y le respondió: “Otra vez vendrás y te oiré más despacio.” Juan Diego volvió a la cumbre del cerrillo, donde la Señora del Cielo le estaba esperando y le dijo: Señora, expuse Tu Mensaje al Obispo, pero pareció que no lo tuvo por cierto. Por lo cual, Te ruego que encargues a uno de los principales que lleve Tu Mensaje para que le crean, porque yo soy un hombrecillo.” Ella le respondió:

"Mucho te ruego, hijo Mío, a que otra vez vayas mañana a ver al obispo y le digas que Yo en Persona, la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS, Soy quien te envío."

Pero al día siguiente, domingo, el Obispo tampoco le dio crédito.

El lunes Juan Diego ya no volvió. Su tío Juan Bernardino se puso muy grave y le rogó que fuera a Tlatelolco a llamar a un sacerdote para que fuera a confesarle. Salió Juan Diego el martes, pero dio vuelta al cerrillo para llegar pronto a México y no lo detuviera la Señora del cielo. Pero Ella le salió al encuentro y le dijo:

"Hijo Mío, el más pequeño, no se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna. ¿No estoy Yo aquí que Soy tu Madre? ¿No estás bajo Mi sombra? ¿No soy Yo tu salud? ¿No estás por ventura en Mi regazo? ¿Qué más necesitas? No te aflija la enfermedad de tu tío, está seguro que ya sanó. Sube ahora, hijo Mío, a la cumbre del cerrillo, donde hallarás diferentes flores, córtalas y tráelas a Mi Presencia.

Cuando lo hubo hecho, le dijo:

"Hijo Mío, ésta es la prueba y señal que llevarás al Obispo. Tú eres Mi embajador muy digno de confianza."

Juan Diego se puso en camino ya contento y seguro de salir bien. Al llegar a la presencia del Obispo, le dijo: “Señor, hice lo que me ordenaste. La Señora del Cielo condescendió con tu recado y lo cumplió.” Desenvolvió luego su blanca manta y así que se esparcieron por el suelo las diferentes rosas de Castilla, se dibujó en ella y apareció de repente la preciosa Imagen de la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS, de la manera que está y se guarda hoy en Su Templo de Tepeyac. La ciudad entera se conmovió y venía a ver y admirar Su devota Imagen y a hacerle oración y se Le nombró como bien había de nombrársele: La Siempre Virgen Santa María de Guadalupe.”


RESULTADOS DE LOS ESTUDIOS CIENTÍFICOS DE LA TILMA O AYATE DE JUAN DIEGO:

En primer lugar la milagrosa conservación del tejido en el que se imprimió la Imagen de la Virgen. La Tilma de Juan Diego está tejida de fibra de ayate (de la especie mejicana llamada “agave potula zac”) que se desintegra a los 20 ó 30 años. Mientras tanto, a casi 500 años del milagro, la Imagen de María sigue tan firme como el primer día. La ciencia no se explica el origen de la incorruptibilidad de la tela.

No se ha descubierto ningún rastro de pintura en la tela. De hecho, a una distancia de 10 centímetros de la imagen, sólo se ve la tela de maguey en crudo: los colores desaparecen. Estudios  científicos no logran descubrir el origen de la coloración que forma la Imagen, ni la forma en que la misma fue pintada. No se   detectan rastros de pinceladas ni de otra técnica conocida de pintura. Los colorantes de la Imagen no pertenecen al reino vegetal, mineral ni animal. Se ha hecho pasar un rayo láser en forma lateral sobre la tela, detectándose que la coloración de la misma no está ni en el anverso ni en el reverso, sino que los colores flotan a una   distancia de tres décimas de milímetro sobre el tejido, sin tocarlo.

La Virgen tiene una cinta en el vientre, símbolo para los aztecas de que está embarazada. Uno de Los médicos que analizó la Tilma colocó su estetoscopio debajo de la cinta que María posee (señal de que está encinta) y escuchó latidos que rítmicamente se repiten a 115 pulsaciones por minuto, igual que un bebé en el vientre materno. Además, la temperatura de la fibra de maguey con que está construida la Tilma mantiene una temperatura constante de 36,6 grados, la misma que el cuerpo de una persona viva.  

Estudios oftalmológicos realizados a los Ojos de María han detectado que al acercarles luz, la retina se contrae y al retirar la luz, se vuelve a  dilatar, exactamente como ocurre en  un ojo vivo. La ciencia descubrió que los Ojos de María poseen los tres efectos de refracción de la imagen de un ojo humano. En Los Ojos de María (de tan sólo 7 y 8 mm) se descubrieron diminutas imágenes humanas, que ningún artista podría pintar. Son dos escenas y las dos se repiten en ambos ojos. La imagen de los Ojos de María fue agrandada mediante tecnología digital, revelando que en Sus Ojos está retratada la imagen del indio Juan Diego abriendo su Tilma frente al obispo Zumárraga.

La Virgen de Guadalupe es mestiza. Su Rostro, ni indio ni blanco, es un Rostro que invita a la paz entre vencedores y vencidos, entre blancos e indígenas, porque Ella es la Madre de todos. El color de su manto es verde-azul. Entre los aztecas sólo el emperador podía vestir ese color. Al presentarse con este color es como si dijera que es la Emperadora, la Reina del Universo. Y los rayos de sol rodean Su Persona, como si procedieran de Su Divino Hijo que es el Sol de Justicia (el sol era un dios para los indígenas).

Por otra parte, se ha descubierto que las estrellas del manto de la Virgen corresponden a las estrellas del cielo tal y como estaban aquel día de la Aparición, vistas desde México. Como si nuestra Madre hubiera querido dejarnos su firma, fecha y hora exacta de Su Aparición: 16,40 horas del día 12 de diciembre de 1531.

La Imagen es tal y como la detalla el Libro del Apocalipsis, capítulo 12: “Apareció en el Cielo una señal grande, una Mujer envuelta en el Sol, con la luna debajo de sus pies“. Y por último, ‘Coatlaxope’ = ‘Guadalupe’, significa en el idioma indígena: "Que aplasta la cabeza a la serpiente".

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Dic 10, 1925: La Santísima Virgen le pide a Sor Lucía la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados de mes

89º Aniversario de las Apariciones de la Virgen a Sor Lucía en Pontevedra, España.



Después de acariciar por algún tiempo el deseo de convertirse en religiosa, en 1925 Lucía, de dieciocho años, empezó con las Hermanas Doroteas. Ella ingresó como postulante, en el convento de la Orden en Pontevedra, España, donde Nuestra Señora, como lo había prometido en 1917, fue a revelarle la primera parte del Plan de Dios para la salvación de los pecadores en nuestro tiempo de rebelión contra Dios: La Comunión reparadora de los Primeros Sábados de mes.

Lucía, refiriéndose a ella misma, describe el encuentro en tercera persona:

El día 10 de Diciembre de 1925, se le Apareció la Santísima Virgen y al lado, suspenso en una nube luminosa, un Niño. La Santísima Virgen, poniéndole una mano en el hombro, le mostró al mismo tiempo un Corazón que tenía en la otra Mano, cercado de espinas. Al mismo tiempo le dijo el Niño:

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin haber quien haga un acto de reparación para arrancárselas.”

Enseguida dijo la Santísima Virgen:

“Mira, hija Mía, Mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos Me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que DURANTE CINCO MESES, EN EL PRIMER SÁBADO, se confiesen, reciban la Santa Comunión, recen la tercera parte del Rosario y Me hagan 15 minutos de compañía, meditando en los 15 Misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, Yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las Gracias necesarias para la salvación de sus almas.”

Luego, Lucía hizo lo que ella podía para hacer conocido este nuevo pedido de Nuestra Señora. Se lo dijo a su Madre Superiora, a su confesor en el convento, e incluso escribió a su antiguo confesor. Ambos confesores tuvieron reservas y aconsejaron esperar.

A pesar de las reservas de sus confesores, pronto Lucía se vería urgida a continuar trabajando para hacer conocido este pedido. Ella nos dice,

El día 15 Febrero de 1926, andaba yo muy ocupada con mis oficios y ya no me acordaba de aquello casi nada; y, yendo a arrojar un cubo de basura fuera de la propiedad, donde algunos meses atrás había encontrado a un niño, le había preguntado si sabía el Ave María; me había respondido que sí; le dije que la dijeses para oírla yo; más como no se resolvía a decirla solo, la dije yo con él tres veces.

Al final de las tres Ave Marías, le pedí que la dijese solo; pero se calló y no pudo decirla solo; le pregunté si sabía cuál era la Iglesia de Santa María; me respondió que sí; le dije que fuese allí todos los días y que dijese así: ‘oh, Madre mía del Cielo, dadme a Vuestro Niño Jesús.’ Le enseñé esto y entré en casa.

En ese día, pues, el 15-2-1926, volviendo yo allí como de costumbre, encontré un niño que me pareció ser el mismo; y le pregunté entonces: ¿Has pedido el Niño Jesús a la Madre del Cielo?

El niño se vuelve hacia mí, y dice:

“¿Y tú, has propagado por el mundo aquello que la Madre del Cielo te pedía?

Diciendo esto, se transforma en un Niño resplandeciente; conociendo que era Jesús, dije:

Jesús mío, Vos sabéis bien lo que mi confesor me dijo en la carta que os leí; me decía que era necesario que aquella visión se repitiese; que hubiese hechos para que fuese creíble; y que la Madre Superiora sola, para propagar ese hecho, nada podía.

“Es verdad que la Madre Superiora sola nada puede, pero con Mi Gracia lo puede todo; y basta que tu confesor te dé licencia y que tu Superiora lo diga, para que sea creído; aun sin saberse a quién fue revelado.”

Pero, mi confesor decía en la carta que esta Devoción no hacía falta en el mundo, porque ya había muchas almas que os recibían en los Primeros Sábados en honra de Nuestra Señora y de los quince Misterios del Rosario.

“Es cierto, hija Mía, que muchas almas los comienzan, pero pocas los acaban; y que las que los terminan, es con el fin de recibir las gracias que a eso están prometidas; pero Me agradan más las que hagan los Primeros Sábados con fervor, y con el fin de desagraviar el Corazón de tu Madre del Cielo, a aquellas que hagan los quince, tibios e indiferentes.”

Presentó a Jesús las dificultades que tenían algunas almas de confesarse en sábado y pidió que fuese válida la confesión de ocho días. Jesús respondió:

“Sí, puede ser de muchos días más todavía, con tal que, cuando Me reciban, estén en gracia y tengan la intención desagraviar al Inmaculado Corazón de María.”

Jesús mío, ¿y las que olviden tener esta intención?

“Pueden hacerla en otra confesión siguiente, aprovechando la primera ocasión que tuvieran de confesarse.”

Después de eso, el Niño Jesús desapareció sin decir nada más.

La parte más notable de la primera Aparición en Pontevedra es la promesa incomparable hecha por Nuestra Señora a todos aquellos que hagan la Devoción Reparadora de los Cinco Primeros Sábados, bajo las condiciones requeridas: 

“Yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las Gracias necesarias para la salvación de sus almas.”

Esta gracia asombrosa, de la cual incluso las almas más santas no pueden estar seguras, se promete incondicionalmente a todos aquellos que hagan esta Devoción. Esto sirve como indicación del gran poder de intercesión que Dios ha otorgado a la Santísima Virgen para la salvación de las almas.

El confesor de Lucía le hizo más tarde una serie de preguntas sobre las Apariciones de Pontevedra. Una de las preguntas fue: ¿Por qué cinco sábados y no nueve o siete, en honor de los Dolores de Nuestra Señora? Luego de recibir las preguntas, ella pidió a Nuestro Señor la ilustrara sobre las respuestas, que unos pocos días más tarde ella dio a su confesor. Esto es lo que ella le escribió:

Cuando estaba en la capilla con Nuestro Señor, parte de la noche del 29 al 30 de Mayo de 1930, (nosotros sabemos que tenía el hábito de hacer una hora santa de once de la noche hasta la medianoche, especialmente la noche de los jueves, de acuerdo a los pedidos del Sagrado Corazón en Paray‑le‑Monial). Le hablé sobre las preguntas cuatro y cinco, y repentinamente me sentí más íntimamente dominada por la Presencia Divina y, si no estoy equivocada, esto es lo que me fue revelado:

“Hija Mía, la razón es simple. Hay cinco tipos de ofensas y blasfemias cometidas contra el Inmaculado Corazón de María:

1. Blasfemias contra la Inmaculada Concepción.
2. Blasfemias contra Su Virginidad Perpetua.
3. Blasfemias contra Su Divina Maternidad, al rechazar al mismo tiempo, reconocerla como la Madre de los hombres.
4. Las blasfemias de aquellos que tratan de sembrar públicamente en los corazones de los niños indiferencia o desprecio o aun odio por esta Madre Inmaculada.
   5. Las ofensas de aquellos que la ultrajan directamente en Sus Santas Imágenes.

“Allí, hija Mía, está la razón por la que el Inmaculado Corazón de María Me inspiró a pedir este pequeño Acto de Reparación y, en consideración a él, a mover Mi Misericordia para perdonar a las almas que han tenido la desgracia de ofenderla. En cuanto a ti, procura incesantemente, por tus oraciones y sacrificios, mover Mi Misericordia con esas pobres almas.” 

En esta comunicación de Nuestro Señor tenemos una de las ideas más importantes en el Mensaje de Fátima: Desde que Dios decidió manifestar Su Plan de Amor, cual es otorgar Sus Gracias a los hombres por la mediación de la Virgen Inmaculada, resulta que su rechazo a someterse con docilidad a esa Voluntad Divina es un pecado que hiere particularmente Su Corazón, y por el cual Él ya no encuentra en Sí mismo ninguna inclinación a perdonar. Ese pecado aparece imperdonable, pues no hay, en cuanto a lo que a Nuestro Salvador se refiere, ningún crimen más imperdonable que despreciar a Su Santísima Madre y ultrajar Su Inmaculado Corazón, que es el Santuario del Espíritu Santo.


lunes, 8 de diciembre de 2014

Apariciones aprobadas de la Virgen el 8 de Diciembre de 1947, en L'Ile Bouchard, Francia, a 4 niñas.

NUESTRA SEÑORA DE LA ORACIÓN
L'Ile Bouchard, Francia

L'Ile Bouchard (Isla Bouchard) no es una isla sino un pequeño pueblo junto al río Vienne, poco más de 20 millas al sur de Tour, Francia. En su hermosa iglesia parroquial, dedicada a St. Gilles, del 8 al 14th de diciembre de 1947, se Apareció la Virgen María.


Primera Aparición:

El 8 de diciembre de 1947, Jacqueline Aubry, de doce años, su hermana Jeanette, de 7 años y su prima Nicole Robin de 10, iban de regreso a la escuela después de almorzar. Jacqueline les invitó a pasar por la iglesia a rezar. Allí reciben la primera Aparición, aproximadamente a la 1:00 pm, en la Fiesta de la Inmaculada Concepción. 

Fueron al altar de la Virgen y comenzaron a rezar una década del Rosario; pero no estaban aun por la mitad cuando Jacqueline, de repente, vio a una bella Señora frente a ella. Estaba vestida de blanco, con las manos juntas en oración y un Rosario sobre Su mano derecha. A la izquierda, un Ángel la contemplaba mientras Le presentaba un lirio. Nicole y Jeanette también vieron la Aparición.

La Señora les sonrió y Jacqueline pensó que deberían informar a alguien de lo ocurrido. Corrieron y se encontraron con Laura Croizon, de 8 años y su hermana Sergine, de 13 años. Las cinco niñas fueron al altar. Todas veían la Aparición, excepto Sergine. Las otras tenían que describirle lo que veían. A la izquierda del altar de la Virgen hay un vitral de la Virgen de Lourdes, mientras que arriba había una estatua de Nuestra Señora de las Victorias. La Aparición estaba varios pies sobre la tierra, entre el altar y la ventana. 




Las niñas describieron a una hermosa Señora, rodeada de una luz dorada. Llevaba un vestido blanco brillante con bordes dorados, una faja azul, y tenía consigo un Rosario blanco. Su velo era blanco de un matiz diferente y le llegaba casi hasta los pies, aunque las niñas podían ver Sus llamativos y largos cabellos rubios que le sobresalían frontalmente, en dos partes, y le llegaban hasta las rodillas. Su sonrisa era maravillosa, y ellas pensaban que Su edad era aproximadamente 16 o 17 años.

El Ángel, rodeado de una intensa luz blanca, se encontraba inclinado sobre su rodilla derecha en profunda contemplación, y llevaba una túnica blanca-rosada, también con bordes dorados. Al igual que la Señora, el Ángel tenía ojos azules y cabellos rubios. En la mano derecha sostenía el tallo de un lirio, mientras tenía la mano izquierda colocada sobre su corazón. El Ángel tenía alas blancas, también con ribetes dorados, cuyas plumas brillaban y se movían ligeramente con una “brisa” que las niñas no podían percibir. Las dos figuras se encontraban en una gruta rocosa.

La Señora se encontraba de pie sobre un bloque rectangular de piedra, decorado con una guirnalda que tenía cinco rosas de color rosado, y debajo de dicha guirnalda se encontraban las siguientes palabras inscritas en letras doradas, de aproximadamente tres pulgadas de alto: “Oh, María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti”. Ésta es la invocación famosa de la Medalla Milagrosa en la Aparición de Rue du Bac.

Una vez que las niñas hubieran explicado todo esto a Sergine, la Señora desapareció, y todos salieron de la iglesia. Jacqueline y Jeanette fueron apresuradamente a su casa a contarle a su madre lo que había pasado, pero ella no les creyó. Al volver al colegio, la noticia se difundió rápidamente, ya que Jacqueline volvió a relatar con entusiasmo a una de las hermanas, la Hna. Marie del Niño Jesús, que ella había visto a una bella Señora en la Iglesia, pero se preguntaba quién podría ser ¿Sería la Santísima Virgen? La Hermana creyó instantáneamente, pero temió una reacción general negativa.

El cura párroco, Fray Clovis Ségelle, y la directora, la Hna. Saint-Léon de la Cruz, acudieron al patio del colegio en ese momento, y no se sorprendieron con estos informes. Fray Ségelle manifestó que Jacqueline debió haber visto doble a través de los gruesos cristales de sus anteojos. Debido a su escasa visión y a una conjuntivitis crónica, Jacqueline tenía que usar anteojos y secarse continuamente los ojos.

Jacqueline manifestó que las otras niñas también habían visto a la Señora, y por lo tanto Fray Ségelle y la Hna. Saint-Léon decidieron cuestionarlas por separado. Cada una expuso el mismo relato, y de regreso al colegio, Jacqueline habló una vez más con la directora, quien la despidió bruscamente, y al mismo tiempo le insinuó que ella hubiera permanecido en la iglesia si la Señora era realmente tan bella como decía. Jacqueline no perdió tiempo en buscar a las otras niñas y conducirlas de vuelta al altar de la Virgen, donde fueron gratamente sorprendidas al ser recibidas por la sonriente Señora.

No obstante, cuando se arrodillaron ante ella, su expresión se volvió extremadamente triste cuando pronunció lentamente sus primeras palabras

“Digan a los niños pequeños que recen por Francia, ya que su necesidad es grande.”

Jacqueline, aún sin estar segura de quién era la Señora, susurró a Jeanette y a Laura pidiéndoles que preguntaran a la Señora si Ella era su “Maman du Ciel”, (Madre del Cielo). Así lo hicieron, y la respuesta fue:

“¡Pero por supuesto, Yo soy vuestra Madre del Cielo!”

Jacqueline preguntó luego acerca del ángel. La Señora lo miró, y el Ángel se volvió a las niñas y les dijo: “Yo soy el Ángel Gabriel.”

La Virgen besa las manos de las niñas

María se volvió luego a las niñas y les pidió sus manos para besarlas, inclinándose para alcanzar las manos de Jacqueline y Nicole. Pero las otras dos niñas eran mucho más pequeñas y no podían alcanzar la altura suficiente. Jacqueline las tomó, una después de la otra, y las levantó como si no tuvieran prácticamente ningún peso.

Las cuatro niñas dieron fe de la solidez y el calor de la mano de María y del contacto de sus labios. Antes de desaparecer en una nube de polvo plateado, Ella les pidió que volvieran esa tarde a las cinco, y al día siguiente a la una. Luego de que las niñas salieran de la iglesia, se dieron cuenta de que tenían un óvalo blanco brillante sobre los dedos, pero antes de que volvieran al colegio, estos rastros, que habían logrado mostrar a una mujer local, habían desaparecido.

Jacqueline y Nicole hablaron acerca de lo que había pasado, y después de clases las separaron y les pidieron que escribieran los relatos de sus experiencias, que coincidían. Cuando las niñas volvieron a sus casas, advirtieron que sus padres no estaban dispuestos a creerles, y sólo Jacqueline pudo volver a la iglesia, para el rosario y la Bendición del Santísimo Sacramento en honor a la fiesta de la Inmaculada Concepción.

María se apareció y la llamó, pero mientras Jacqueline deliberaba si acudir o no a su encuentro, volviéndose hacia la Hna. Saint-Léon para obtener su permiso, asumiendo que ella también podía ver la Aparición, la campana sonó para la Bendición, y cuando ella volvió a mirarla, la Aparición se había desvanecido. Pero cuando el Santísimo Sacramento había vuelto al Tabernáculo, María se Apareció nuevamente.


Segunda Aparición:

Al día siguiente, martes 9 de Diciembre, a la una de la tarde, las cuatro niñas se reunieron en la iglesia, y por lo tanto se estableció el esquema general para los eventos de la semana. Ellas se arrodillaron junto al altar de la Virgen y comenzaron a rezar el Ave María, cuando repentinamente una esfera dorada brillante, de aproximadamente tres pies de ancho, provino de la pared y se desplegó como una cortina rectangular de luz plateada, sobre la cual la gruta rocosa sobresalió en relieve.

Los largos y dorados cabellos de María, que tanto habían impresionado a las niñas el primer día, estaban en ese momento escondidos bajo Su velo. El Ángel estaba arrodillado del otro lado, aunque las palabras escritas sobre las rocas habían cambiado. Ahora decían: “Je suis I’Immaculeéé Conception”, (Yo soy la Inmaculada Concepción). Nuevamente, se les presentaron importantes palabras de una Aparición Mariana previa, esta vez la de Lourdes.

Las niñas también pudieron ver partes de una palabra escrita en letras doradas sobre el pecho de María: “Ma...cat”, pero no comprendían lo que ellas significaban; Sus manos tapaban la parte del medio de lo que sería revelado después como, “Magnificat”, el nombre tradicional dado al cántico de alabanza de María expresado durante la Visitación a Isabel (Lc 1, 46-55), que tuvo lugar poco después de la Anunciación.

La Sra. Trinson, quien era propietaria de una tienda de zapatos de la ciudad, se juntó luego con las niñas. La Virgen María, con una expresión seria, mostró a las niñas la cruz dorada de Su Rosario, y les pidió que la besaran. Jacqueline y Nicole se levantaron para hacer esto, y la Sra. Trinson se sorprendió al ver a Jacqueline repetir su hazaña del día anterior, levantando a las dos niñas más pequeñas como si fueran muñecas, tan livianas como una pluma, a fin de que ellas también pudieran besar la cruz dorada. El metal era frío a sus labios y las niñas pudieron percibir en la Virgen María una sensación de pesar.

La Virgen hizo luego una hermosa, pero muy lenta, Señal de la Cruz. Le llevó dos minutos completarla, y las niñas imitaron sus movimientos; la Sra. Trinson observaba todo con gran asombro. Al término de eso, María manifestó a las niñas que les comunicaría un secreto que podrían revelar en tres días, y con gran énfasis mencionó:

“Recen por Francia, que en estos días se encuentra en gran peligro.”

Luego, Ella pidió que el Sacerdote acudiera a ese lugar a las dos de la tarde, con las niñas y una multitud, de tal modo a que todos pudieran rezar. Ella también pidió una gruta, y que Su Imagen y la del Ángel estuvieran colocadas en ella, prometiendo bendecirles cuando así lo hicieran. Luego de eso, la Aparición se desvaneció.

Fray Ségelle, no obstante, rehusó ir a las dos, y por lo tanto Jacqueline, Jeanette y Laura, con aproximadamente otros veinte niños, y treinta adultos, se reunieron en la iglesia. Luego de que hubieran rezado diez Ave Marías, la Virgen y el Ángel se Aparecieron como antes, proviniendo de un círculo dorado. Ella pidió himnos y oraciones, antes de decirles que volvieran cada día a la una de la tarde, hasta que todo hubiera terminado. A las cinco y treinta, Fray Ségelle informó al Arzobispo acerca de los eventos del día. Ese mismo día, para sorpresa general, los comunistas decidieron cancelar su huelga general.


Tercera Aparición:

En el tercer día, el miércoles 10 de Diciembre, ciento cincuenta personas esperaron en la iglesia la siguiente Aparición de María. De pronto, la Virgen se hizo presente, y de nuevo solicitó una versión cantada del Ave María, antes de pedir a las niñas que le besaran la mano. La multitud, al igual que la Sra. Trinson, se sorprendió al ver a la frágil Jacqueline repetir su hazaña de levantar a las dos niñas más pequeñas.

Curación milagrosa de la vista

La madre de Jacqueline le dijo a su hija que pidiera un milagro de tal modo a que todos pudieran creer, a lo cual María respondió:

“No he venido aquí a hacer milagros, sino a decirles que recen por Francia. No obstante, mañana tú verás claramente y no necesitarás más usar anteojos.”

Luego, María dijo a las niñas que les iba a contar un secreto, y que debían prometer no revelarlo. Ellas accedieron a esto, y, luego del secreto, la Virgen les pidió que regresaran al día siguiente a la misma hora, antes de desaparecer en la esfera dorada. Esta Aparición había durado aproximadamente un cuarto de hora. Como en el caso de otras Apariciones auténticas, las niñas no pudieron ser persuadidas, de ninguna manera, a revelar el secreto.

Naturalmente, la gente deseaba saber cuál había sido la respuesta al pedido de un milagro, y las niñas comentaron que María había dicho que a partir del día siguiente, Jacqueline vería claramente y no necesitaría usar anteojos. A las cinco de la tarde, Fray Ségelle entrevistó a Jacqueline, y menospreció la idea de que sus ojos, que realmente se encontraban en una condición terrible, pudieran mejorar de un día para otro.

Los padres de Jacqueline se encontraban en un dilema; ellos eran católicos no practicantes y su padre estaba enfadado por ciertos comentarios con respecto a su hija. Pero la transparente sinceridad de su hija mayor lo había impactado profundamente. Tendrían que esperar y ver lo que ocurría a la mañana siguiente.


Cuarta Aparición:

El cuarto día, jueves 11 de diciembre, cuando Jacqueline se despertó, pudo abrir los ojos sin ninguna dificultad y tenía una visión normal. Llamó a sus padres con gozo, quienes se sobrecogieron de alegría al ver que los ojos de su hija fueron curados tan milagrosamente. Su padre acudió rápidamente a buscar al Fray Ségelle, quien exclamó al ver a Jacqueline: “¡Entonces es verdad que Ella ha descendido y ha estado entre nosotros!” El padre contactó inmediatamente con el Arzobispo y se le pidió que estuviera presente en la siguiente Aparición.

Hacia la una de la tarde la difusión de este milagro había garantizado una iglesia repleta. La Virgen María Apareció y pidió que cantaran el Ave María, entonces preguntó:

“¿Rezan por los pecadores?”

Ellas respondieron que sí lo hacían, y les pidió que rezaran todos juntos diez Ave Marías, pero ella solamente rezaba la primera parte de cada oración, el mensaje del Ángel Gabriel, y no la segunda parte.

Jacqueline le pidió que sanara a la gente por quien las niñas habían pedido, a lo cual la Virgen respondió que Ella prometía que habría “felicidad en las familias”. Antes de irse la Virgen preguntó de nuevo acerca de la gruta. Después de esto, las niñas fueron cuestionadas por separado en la sacristía.


Quinta Aparición:

El quinto día, viernes 12 de Diciembre, trescientas personas se encontraban en la iglesia para el encuentro de la una de la tarde. Cuando María Apareció, las niñas pudieron ver algo nuevo: la Señora llevaba puesta una “corona” hecha de doce rayos brillantes, cada uno de aproximadamente un pie de largo, dos azules y angostos en el centro y cinco más anchos a cada lado, de color rojo, amarillo, verde, rosado y rojo-marrón.

Esta vez, la Virgen tenía las manos colocadas más abajo, por lo tanto se podía leer la palabra “Magnificat”. Las niñas pensaban que la corona se asemejaba a un arco iris. Luego, Ella les pidió que cantaran el Ave María, antes de pedirles que rezaran, como en el día anterior, diez Ave Marías. Luego de esto, ella dijo:

“¿Rezan por los pecadores?” a lo cual respondieron “Sí, Señora”, y luego Ella continuó:

“Bien, sobre todo recen mucho por los pecadores.”

Jacqueline le pidió un milagro, pero María repitió su afirmación previa de que Ella no había venido para hacer milagros, sino para pedir oraciones por Francia. Luego de rezar otra decena del Rosario, desapareció y de nuevo se les hizo preguntas a las niñas acerca de lo que habían visto y oído.


Sexta Aparición:

El sexto día, sábado 13 de diciembre, quinientas personas se encontraban en la iglesia a la una de la tarde, cuando la Virgen se Apareció de nuevo, pero esta vez sin la corona. María pidió nuevamente oraciones, invocaciones e himnos, mientras Jacqueline repetía su pedido de un milagro, para escuchar la respuesta,

“Más adelante.”

Luego, después de más oraciones e invocaciones, la Virgen les dijo que Ella se aparecería al día siguiente por última vez. De nuevo, las niñas fueron interrogadas posteriormente.


Séptima Aparición:

El séptimo y último día de las Apariciones, el domingo 14 de diciembre, L’lle Bouchard estaba repleta de peregrinos y en la iglesia de St. Gilles, una multitud de la rebasaba, habiendo aún más personas en su exterior. Mientras esperaban a las niñas, la gente rezaba el Rosario muchos no habían rezado en años.

Una vez más, María y el Ángel visitaron a las niñas en una Aparición que duró aproximadamente media hora. De nuevo la Virgen pidió oraciones e himnos, luego de los cuales Jacqueline leyó algunos mensajes que se le había dado, incluyendo uno de la Hna. Marie que decía: “¿Qué debemos hacer para consolar a nuestro Señor por el sufrimiento que los pecadores le producen?” La respuesta fue:

“Recen y hagan sacrificios.”

Luego de más oraciones e invocaciones, María pidió que la gente cantara el Magnificat, y Fray Ségelle les hizo participar a todos en esto. Luego, Ella volvió a enfatizar la necesidad de rezar por los pecadores.

El rayo de luz milagrosa

Dándose cuenta de que la Aparición pronto se terminaría, Jacqueline le pidió a la Virgen que diera alguna prueba de Su presencia, a lo cual María respondió con una sonrisa:

“Antes de partir, enviaré un rayo brillante de luz solar.”

Luego, comenzó a bendecir a la multitud. En ese momento un misterioso rayo de luz solar penetró a través de la ventana suroeste del coro, iluminando el punto preciso de la Aparición. El rayo creció en intensidad cubriendo un área mayor y forzando a aquellos que se encontraban cerca del altar de la Virgen a cubrirse los ojos. Los afectados también mencionaron el calor de este rayo. Las niñas estaban de espaldas a la luz, pero los afectados estaban colocados de tal forma en que podían ver sus rostros, y las flores que sostenían, se veían iluminadas suavemente por centelleos y luces de colores, como si se hubieran producido por una reflexión proveniente del interior de la gruta.

Este rayo de luz solar era inexplicable en términos naturales, ya que la luz solar normal no se expande como un abanico a partir de un único punto para que esto ocurriera, el sol hubiera tenido que estar situado virtualmente fuera de la ventana. Además, este rayo, dado su punto de entrada, debió haber sido bloqueado por algunos de los pilares ubicados en la zona del coro. Asimismo, pruebas posteriores demostrarían que era físicamente imposible que un rayo normal de luz solar hubiera iluminado esa parte de la iglesia en el día invernal en cuestión, y por lo tanto nos encontramos en presencia de un milagro.

Al terminar el fenómeno, Fray Ségelle dio a los presentes, varios de los cuales se encontraban llorando, la Bendición con el Santísimo Sacramento, y una vez más las niñas fueron minuciosamente examinadas. Ellas afrontaron muchos más cuestionamientos durante los meses siguientes por parte de los curiosos, y muchas otras pruebas hasta que tuvo que intervenir la policía, pero ellas permanecieron fieles a su testimonio.


Reconocimiento eclesiástico

El Obispo autorizó la construcción de una gruta, luego del pedido de la Virgen, y también permitió peregrinaciones a la iglesia. El culto de Notre-Dame de la Prière, “Nuestra Señora de la Oración”, ha sido reconocido, y dicho reconocimiento fue reafirmado en Noviembre de 1988 por Monseñor Honoré, arzobispo de Tours, en una carta publicada en el boletín de la parroquia de L’lle Bouchard.

Varias investigaciones eclesiásticas se realizaron con respecto a las Apariciones, siendo la más importante la del Vicario General de la diócesis, Monseñor Fiot.

Sucesivos arzobispos de Tours han permitido la habilitación de una gruta, la colocación de ciertas imágenes de María y del Ángel en la iglesia de San Gilles, y la autorización de las crecientes peregrinaciones a L’lle Bouchard. Asimismo, el teólogo francés Fray Vernet, publicó un extenso estudio favorable a las Apariciones en 1992.

Lamentablemente, luego de retirarse Fray Ségelle, hasta la primavera de 1998, una serie de Sacerdotes que no favorecían a las Apariciones estuvieron a cargo de la parroquia, y esto retrasó la aprobación oficial.

El 8 de diciembre del 2001, el Arzobispo de Tours, André Vingt-Trois, dio su aprobación oficial a las Apariciones.